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Deseo Sexual Feminista

¿Existe un tipo de deseo sexual feminista?

No. El deseo se constituye en lugares de nuestra mente y de nuestra historia que la ideología no puede controlar por completo. Por lo tanto no existe una forma de deseo sexual feminista. Sí, hay una forma de vivir el deseo de forma feminista y es no poner en el punto de mira las fantasías de los demás.

El hecho de que existan mujeres a las que les guste adoptar el rol de sumisión o que recurran a fantasías de violación no debe suponer un problema para el feminismo. Una cosa es la forma que le demos a nuestra fantasía (sumisión, violación, romanticismo, salvación) y el placer que eso pueda producirnos, y otra cosa es la comprensión que tengamos de la función que tienen las fantasías en nuestra vida.

¿Hacen daño nuestras fantasías al movimiento feminista?

La fantasía es el lugar donde a menudo nos liberamos del lastre mamado como sociedad. Es tremendamente simplista afirmar, por ejemplo, que el porno influye de manera decisiva en la génesis de nuestro deseo.

El mecanismo del deseo es muy complejo. Se origina en la infancia y crece bailando al son de diversos factores entre los que se encuentran nuestra imagen dentro de la familia o de la sociedad. Tiene que ver también con nosotras mismas, con la construcción de nuestra identidad, con la forma en la que vivimos nuestras relaciones, con nuestro estado emocional más profundo. Nuestros deseos son reflejos del momento personal que vivimos, de nuestro narcisismo y de nuestra capacidad para encontrarnos con el Otro.

¿Es posible deconstruir el deseo?

La deconstrucción del deseo es un tema muy complicado, además de muy injusto para nosotras: es ingenuo pensar que podemos sacudirnos todos los constructos que no casan con el ideal feminista. Desde la Teoría Queer se habla de resignificar subjetividades, y esta vía, la de reapropiarnos de ciertas prácticas es bastante más realista y sana para nuestras fantasías que la de ponerlas en la diana e intentar modificarlas a gusto y semejanza del ideario feminista.

Reapropiación

La reapropiación de nuestro placer debe de ser uno de los principales objetivos de la lucha feminista, tanto como conseguir que todas podamos acceder a él. Castrar nuestros deseos y fantasías, como acostumbra a hacer la sociedad patriarcal, no es emancipador sino totalitario. Las fantasías pertenecen a nuestro imaginario personal y es ahí donde deben permanecer. Vivirlas sin prejuicios constituye una manera sana de ordenar los muebles de nuestro subconsciente, de dar salida a nuestros fantasmas y de trabajar nuestros traumas. 

La aceptación y el conocimiento de nuestros deseos es clave para la evolución del diálogo dentro del mundo del feminismo. De otra manera, seguiremos proyectando nuestras frustraciones personales en la lucha y la dialéctica del movimiento.

Tacharnos unas a otras de “poco feministas” o “falsas feministas” por el modo en que vivimos nuestro deseo o la postura que adoptamos en temas como la prostitución o la pornografía es SIEMPRE contraproducente.

Ninguna de nosotras tiene la solución a los problemas del patriarcado. Es en el diálogo donde crecemos y es por ello que deberíamos dejar siempre abierta la puerta hacia el cambio a través de la retórica. Si hay algo que debe morir aquí y ahora es el “ideal feminista” que utilizamos las unas en contra de las otras en demasiadas ocasiones.

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