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Genesis P-Orridge

4 Personas cuentan por qué fueron al psicólogo

Como comentaba en el anterior post en el que 5 personas nos contaban su experiencia con la psicoterapia, cuesta creer que todavía a día de hoy persista esta sensación de que sólo la gente que es incapaz de gobernar su vida necesita pedir ayuda. Como sociedad, todavía no hemos madurado lo suficiente como para reconocer que la terapia no más que una herramienta de salud y que, con demasiada frecuencia, rechazamos sus beneficios por (un mal entendido) orgullo.

Es por ello que cuelgo este nuevo post donde otras cuatro personas, nos cuentan lo diverso de cómo y por qué acudir a terapia. Gracias a todas ellas por su generosidad.

Sabina

Nombre

Sabina Urraca

Edad

32

Lugar de residencia

Madrid

¿A qué te dedicas?

Soy escritora y periodista.

¿Con qué edad acudiste al psicólogo?

Creo que a los 19 años.

¿Qué es lo que te llevo allí?¿Cuál fue el motivo de tu consulta?

Tuve una especie de bajón gordo al empezar la vida adulta. De pronto estaba en Madrid, sin mis padres, sin nadie que me cuidara, y me descontrolé mucho. Hasta entonces había sido la primera de clase, la que ganaba concursos de cuentos, la niña perfecta, y de pronto me encontré con gente que me daba mil vueltas, con una carrera que no me gustaba nada, con un sistema de amor y afectos totalmente distinto al que yo había vivido hasta entonces (en mi grupo de Tenerife, donde había vivido hasta entonces, era común besarse con cualquiera, liarse todos juntos… cosas así. Y llegué a un mundo donde lo correcto era echarse un novio; eso me descolocó mucho). Me sentía una mierda, incapaz de hacer cualquier cosa… Como consecuencia de esto, empecé a tener ansiedad y ataques de pánico. Después entré en una fase en la que no quería hacer nada, no tenía fuerzas, dormía casi todo el día y lloraba muchísimo. Ahí fue cuando decidí ir al psicólogo.

¿Le contabas a la gente que ibas a terapia? 

Sí. De hecho, fui a una psicóloga a la que iba una amiga mía, y después a esa misma psicóloga fueron muchos de mis amigos. Pero sí que sentí el estigma entre algunos de mis amigos. Creo que algunos no supieron comprenderlo en su momento, más por falta de madurez que por otra cosa.

¿Te has sentido cohibida a la hora de hablar de este tema con alguien?

Sí. Con mis padres. Les dije que iba al psicólogo, pero me sentía mal haciéndolo. No quería alarmarles. Veía que les angustiaba que yo estuviese mal.

¿Conseguiste tus objetivos yendo a terapia?

Conseguí aprender a analizar mis comportamientos y mis lados oscuros, pero no a hacer algo al respecto. Fui a una psicoanalista que, desde el primer momento, me recetó un antidepresivo. Hoy pienso que eso no era lo correcto, y que ojalá me hubiese decantado por lo conductual, que creo que era lo que necesitaba. Por lo demás, aquella psicóloga, a la que guardo bastante cariño, era más bien una especie de madre postiza, un paño de lágrimas, pero no una ayuda real. 

¿Hay alguna anécdota o curiosidad que te apetezca contar sobre tu experiencia con la psicoterapia?

Sí. Recuerdo que, cuando tenía mucha ansiedad, iba caminando por la calle y me torcía hacia los lados, me iba desviando hasta terminar caminando bastante pegada a la pared. Se lo comenté a la psicóloga y me dijo que aquello era rarísimo, que no lo había oído nunca, que había gente que caminaba encorvada, pero no que se torciera hacia los lados. Yo me asusté muchísimo, y después me enfadé: ¿cómo una profesional puede decirle esa gilipollez a una paciente?. Después, con el tiempo, conocí a gente a la que le pasaban cosas parecidas con el equilibrio. 

Marc

Nombre

Marc Fernández

Edad

39 años

Lugar de residencia

Terrassa, Barcelona

¿A qué te dedicas?

Administrativo

¿Con qué edad acudiste al psicólogo?

36 años

 ¿Qué es lo que te llevo allí?¿Cuál fue el motivo de tu consulta?

Me diagnosticaron Bipolaridad tipo 2. A raíz del diagnóstico e informarme sobre la enfermedad tuve muchas dudas sobre mí, sobre qué parte del comportamiento pertenecía a la personalidad y qué se debía a la enfermedad. Perdí la confianza, sentí miedo de no volver a ser el que era. Había partes que podían ser un problema, pero otras no las quería perder. Un follón tremendo que derivaba en muchas pequeñas cosas que me hacían sentir inseguro. Al final todas dependían de entender bien la enfermedad, aceptación y la validación propia. También, de tomar una medicación de forma constante que te da lo que te falta para conseguir la estabilidad. Hecho, es simple, que diría aquel.

¿Le contabas a la gente que ibas a terapia?

Si. En aquellos días mi círculo se había reducido mucho con respecto a lo que estaba acostumbrado y todos los que me rodeaban entonces, lo sabían. No lo he escondido nunca, la terapia me parece algo positivo, creo que te da ventaja. Hombre, tampoco hay que ser un pesado en plan: Hola soy Marc, voy a terapia, ¿qué tal tu día?, pero sí que lo comentaba cuando podía tocar o venía a cuento. Lo mismo vale para la enfermedad. Creo que no nos hacemos ningún favor escondiéndolas. Al revés, colaboramos en lo que no nos gusta, qué la gente las estigmatice.

 ¿Te has sentido cohibido la hora de hablar de este tema con alguien?

No. Lo paso mal por mis padres, que no pueden evitar pensar que la gente te pone una etiqueta y te trata diferente, no les falta razón, eso pasa. No todo el mundo está preparado o entiende las enfermedades mentales y su tratamiento vía psiquiatra/psicólogo como pueden entender las enfermedades físicas. No está normalizado. Se tiende a pensar que la enfermedad mental deriva en locos que es como pensar que los huevos son para hacer tortilla. Poca empatía, pocas ganas de aprender y mucha desinformación. Al final, creo que el que debe estar tranquilo es uno mismo.

También entiendo que es elección de cada uno cuando y con quien compartes esa información. Hay que estar preparado. A mí me molestó que hubiera gente que lo fuera contando o adivinando mi diagnóstico. Pero esos son los mismos que pueden contar cualquier otra cosa que les cuentes. ¡El chisme gusta y llena vacíos propios!

Ayudaría bastante que, igual que todos tenemos un médico de cabecera, tuviéramos un psicólogo/psiquiatra que hiciera la misma función. Veo un montón de gente ya de una determinada edad (y no tan determinada) a la que le hubiera venido o vendría muy bien y supongo que no lo han hecho por los tabús que existen. En cambio, les encanta Tony Soprano, ¿es que no han entendido nada?. Igual es por las tetas que salen en el Bada Bing y los tiros con y sin pistolas, yo que sé…

¿Conseguiste tus objetivos yendo a terapia?

Sí, los de aquel momento sí. Creo que el objetivo nunca se alcanza del todo. Quiero decir, siempre hay dudas, ¿no? (aquí tienes una) Tener confianza es una cosa y que te hagas muchas preguntas es otra. Creo que poder tratar todas esas preguntas/dudas que se nos pasan por la cabeza con alguien que no tiene ningún lazo contigo siempre viene bien. La perspectiva es diferente a la que va a tener un amigo. No digo mejor, es diferente y a mí me ayuda a llegar a una conclusión propia partiendo de puntos de vista diferentes. Uno profesional y otro afectivo. Eso, al final, es un camino a la seguridad o la  auto-confianza.

¿Hay alguna anécdota o curiosidad que te apetezca contar sobre tu experiencia con la psicoterapia?

Hice terapia antes de saber que la estaba haciendo. Durante tres meses me estuve escribiendo con una persona que conocí una noche poco antes de marcharme de la ciudad dónde vivía. Supongo que nos caímos muy bien por las risas que nos echamos. Mi experiencia al marcharme de aquella ciudad y dejar tantas cosas atrás también fue traumática. Aún no me habían diagnosticado nada, de hecho al poco de escribir el mail que cerraba la historia que quise contarle fue cuando “exploté” y ayudó a que me pudieran diagnosticar correctamente.

Esa persona contestaba siempre, algo que no encontré en mucha gente que se suponía que era mi amiga. Me sentí cuidado, querido, entendido, valorado y podría seguir… Descargué casi todo lo que había vivido durante aquellos años e incluso antes de aquellos años. Después de todos esos mails de ida y vuelta me enteré de que era psicoterapeuta. Nunca me dijo nada. Diría que lo vi en su Facebook o algo así, de rebote, pero no recuerdo exactamente. No hubo nunca sensación de que me estaban psicoanalizando, eran conversaciones de amigos, totalmente informales en la forma, no tenía por qué haber respuesta al anterior mail. Yo te cuento y tú me cuentas.

A día de hoy, creo que fue la mejor terapia antes de afrontar lo que vino después. Había soltado lastre con alguien que conocía de un par de horas. Nos conocimos escribiéndonos.  Esas son las cosas que me hacen creer en las personas. También en un buen profesional. A día de hoy nos hemos tomado un par de cañas en una visita fugaz, pero seguimos siendo buenos amigos. Ahora que se ha empezado a dedicar a la psicoterapia a veces me resulta extraño seguir escribiendo para hablar de nuestras cosas. Soy consciente de que es cosa mía. Ella sigue siendo la misma.

 

Alexandre

Nombre

Alexandre Sfez

Edad

32 años

Lugar de residencia

Málaga

¿A que te dedicas?

Profesor de Inglés en mi último trabajo

¿Con qué edad acudiste al psicólogo?

Con 28 años, pero estuve también acudí a un psicólogo infantil con 12 años por el divorcio de mis padres. Fue una corta experiencia para un divorcio tan largo. A día de hoy llevo más de un año acudiendo a este nuevo psicólogo.

¿Qué es lo que te llevo allí? ¿Cuál fue el motivo de tu consulta?

Un despido virulento tras un año de trabajo muy intenso y bagaje familiar por resolver. Lo último era en efecto lo que más me afectaba, solo que en ese momento no lo sabía.

¿Le contabas a la gente que ibas a terapia?

En mi primera terapia solo lo sabían mis familiares y amigos muy cercanos. Actualmente, después de casi un año de psicoanálisis soy mucho menos reservado y a día de hoy los únicos que no lo saben son mis suegros, pero son muy alemanes y no necesitan saberlo.

¿Te has sentido cohibido a la hora de hablar de este tema con alguien?

He tenido la suerte de rodearme de gente poco tóxica y en mi entorno mas cercano hay muchos psicólog@s y pedagog@s. Así que rápidamente he podido hablar del tema sin tapujos. Ir al psicólogo es sinónimo de querer mejorar y de encontrar las claves que no te son tan claras. Así es como siempre lo he visto.

¿Conseguiste tus objetivos yendo a terapia?

La verdad es que sí, conseguí (re)comprender, perdonar(me) muchas cosas. Si sigo haciendo terapia es porque tuve la ocurrencia de contarle a mi madre que quería adoptar un perrito. Me mando de cabeza al psicoanalista y a día de hoy sigo sin perro.

¿Hay alguna anécdota o curiosidad que te apetezca contar sobre tu experiencia con la psicoterapia?

No sé, indicar que mi primera experiencia con las constelaciones familiares me pareció algo increíble, las hicimos con playmobiles y ¿quien me iba a decir que se podía sacar tanto contenido de unos muñecos tan poco flexibles?

Paula

Nombre

Paula Domínguez Moreno

Edad

32

Lugar de residencia

Barcelona

¿A qué te dedicas?

Cantante, profesora de técnica vocal y directora de coro.

¿Con qué edad acudiste al psicólogo?

A los 25

¿Qué es lo que te llevo allí?¿Cuál fue el motivo de tu consulta?

Una amiga me recomendó que fuera a una terapeuta de psicología transpersonal, a ella le había ido muy bien. Fue un cúmulo de cosas: estaba hecha un lío porque no era capaz de terminar con una relación de enganche emocional que duró dos años. De pronto apareció otra persona en mi vida a quien me agarré para salir de anterior relación, pasé unos primeros meses muy tormentosos porque me sentía mal por lo que había hecho, incluso acabé con lo que había empezado creyendo que quería volver con el anterior.
En medio de todo esto mi madre descubrió una rama del cristianismo y lo cogió con tal pasión que aprovechaba para hablarme de ello y recomendarme que leyera el evangelio de Juan. Me regaló una Biblia, y a veces me preguntaba si había leído esto o aquello, lo que me generaba presión, no me apetecía escuchar sobre cristianismo por cada cosa que le contara.

¿Le contabas a la gente que ibas a terapia?

A muy poca.

¿Te has sentido cohibida a la hora de hablar de este tema con alguien?

En absoluto.

¿Conseguiste tus objetivos yendo a terapia?

Conseguí que no me afectara lo de mi madre porque la terapeuta me dio su visión sobre las sectas. Al poco tiempo, mi madre me propuso hacer un viaje juntas y le tuve que decir que iría solo con la condición de que no me hablara más de Jesús y de Dios. El tema de mi madre y sus creencias quedó zanjado en dos sesiones. Sobre lo otro, apenas me sirvió.

 ¿Hay alguna anécdota o curiosidad que te apetezca contar sobre tu experiencia con la psicoterapia?

La terapia consistía en que yo fuera, me tirara una hora hablando del “problema” y me fuera para casa… Una y otra vez. Desde luego, no entendía nada. Me gastaba el dinero (el de mi padre) y no sacaba conclusiones. Le comenté a mi amiga, la que me había recomendado que fuera, que no sacaba nada de las sesiones. Me dijo que eso funcionaba así, que a raíz de yo exteriorizarlo todo, iba a ir dándome cuenta de mis fallos con la guía de la terapeuta que a veces me hacía algunas preguntas que supuestamente me iban a llevar a tomar conclusiones por mí misma.

Le llegué a explicar a la terapeuta que yo necesitaba irme de ahí con info para procesar a lo largo de la semana en mi cabeza, alguna idea para darle vueltas que me hiciera ver las cosas de otra manera, pero parecía ser que ese no era su sistema. Así que después de gastados no sé cuántos euros y no sé cuántas sesiones, dejé de ir…

Total, se dice que el tiempo todo lo cura.

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